Ley del Kin
El Kin como energía responsable del sustento y creación de la vida, obedece al intento de la suprema conciencia del gran campo unificado en términos de promover la evolución de la conciencia de los seres vivos. El Kin al estar constituido por las dos fuerzas fundamentales de opuestos, forma un vórtice de flujo que mantiene la energía en perpetuo movimiento. Este flujo de energía creadora es observable tanto a escalas subatómicas como a escalas astronómicas en el movimiento de inmensas galaxias espirales.
De acuerdo a la ciencia de los mayas, la frecuencia de propagación de este flujo de energía, otorga sus características a cada ser vivo individual y su naturaleza es tal, que su intento y propósito queda impreso en lo más profundo de nuestros genes y nuestra conciencia misma. De este modo las leyes que rigen al Kin son interpretadas por nosotros a través de nuestra conciencia con sensaciones internas inequívocas como el miedo a la muerte y la obediencia al instinto de conservación que preserva nuestra vida por dar un ejemplo claro. Así, cada ser individual posee conocimiento claro de estas leyes que nos indican cuándo estamos actuando a favor o en perjuicio a las sagradas leyes de la creación.
La ley del Kin incluye además aspectos que rigen más allá de nuestro mundo físico y que son mencionadas ampliamente en la cultura maya y egipcia. Estos aspectos se refieren al paso del espíritu por los diferentes reinos materiales e inmateriales de existencia. La importancia a la obediencia de estas leyes es crucial en el camino de la ascensión evolutiva, pues es el Kin el responsable de mantener el equilibrio fundamental dentro de los millones de sistemas de desarrollo de vida inteligente en el Universo.